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GRACIAS, ARDILLAS
Estuve rebuscando en mi mente un título para este encabezado y al final me decanté por este: Gracias, Ardillas. Al fin y al cabo con esta crónica sólo pretendo dar mi más sincero agradecimiento a tod@s los ardillas que el día 4 de marzo acudieron a la inauguración del sendero de Titaguas. Gracias por venir y arroparme con vuestra presencia y alegría en este evento en el que puse mucha ilusión. Gracias por llenar tres autobuses y medio, y gracias también a ese puñado de amigos que vinieron en sus coches. Con la suma de todos fuimos doscientos diez. Gracias a esas personas que hacía mucho tiempo que no veía y ese día volví a ver. Gracias a nuestro presidente que nos apoyó con su presencia y al presidente de la Federación que nos honró con la suya. Y cómo no, gracias también a Ibai, el socio más joven del Club, que también estuvo allí y ese día apenas tenía dos meses de vida
Fue una lástima que el evento no saliera tal como yo esperaba. Fue una lástima que no partiéramos más relajados de Valencia y no paráramos a tomar café en Casinos, tal como tenía previsto. Si no lo hicimos fue porque desde el Ayuntamiento de Titaguas me dijeron que nos recibirían con chocolate y pastas. Lástima que no hubo chocolate para todos, la gran mayoría ni lo vimos. Pido perdón por no parar a almorzar en mitad de la marcha, pero tenía miedo de no llegar a tiempo al aperitivo prometido en la puerta del Ayuntamiento. “Aperitivo” que se quedó en unas espuertas de cacahuetes y varios porrones de vino. Menos mal que por lo menos llegamos a tiempo de tomarnos unas cervezas en los bares del pueblo, que fueron los que hicieron el agosto. Lástima también que un banco como es la CAM no tuviera presupuesto para invitarnos a esos pucherazos de “arrós amb fesols i naps” que hicieron sólo para sus empleados. Tampoco tenían por qué invitarnos, pero si nos hubieran pedido un par de euros por barba, Ardillas Club de Senderismo, a pesar de ser un club humilde los hubiera puesto sin problemas. Con cuatrocientos veinte euros, más o menos, no se va a ninguna parte y menos una Caja de Ahorros.
Hubiera sido magnífico compartir el sendero y también la comida con ellos -más de cien empleados- pero se fueron a recorrer el circuito más corto y ni compartimos el arroz ni la senda. Pero no pasa nada, nosotros, los ardillas, con nuestro talante, nuestra humildad, nuestro entusiasmo, estamos por encima de todo eso. Nadie se quejó de nada, excepto yo. GRACIAS TAMBIÉN POR ESO.
Ya hace casi diez años que estoy en este bendito Club y aún sigo pensando lo mismo que al principio: ¡Cuánto me alegro de haberos conocido!
Sólo me queda añadir un apunte que escribí hace unos años y que sigue siendo el resumen de mi vida en este Club:
“La armonía reinó entre nosotros por los caminos, las veredas y las sendas,
atravesando las sierras, los collados y los cerros,
vadeando los arroyos, los barrancos y los ríos,
llaneando entre los prados, las mesetas y los valles,
por los pueblos, sus aldeas, las ermitas y las fuentes,
en cada subida, en cada bajada y a cada paso del viaje que dimos.”
Esteban Cuéllar.
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