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Relato de una actividad estival
EL VALLIBIERNA (3.067 m)
¿Y este verano no hay un “tresmil”?... La pregunta flota en el ambiente mientras aguardamos a que nuestros sacrificados compañeros nos traigan la pitanza en el último domingo de actividades del mes de julio.
Estamos celebrando la comida de Fin de Curso senderista en Titaguas. Hay un magnífico ambiente festivo pero hemos de acabar de planificar las actividades del mes de agosto: La Palma, travesía por Andorra, Campamento de verano....Pero falta un “tresmil”.
Se intercambian opiniones en una improvisada Junta de Programación. Hay algún/a candidato/a neófito que quisiera algo sin demasiadas dificultades. Ya está... El Vallibierna ofrece un buen acceso y Pepe Pons nos confirma que este año no se necesitan crampones ni piolet. Además, tenemos la posibilidad de completar el día con la vecina Tuca de las Culebras, otro tresmil al alcance de la mano si nos atrevemos a cruzar el vertiginoso Paso del Caballo.
Nos ponemos manos a la obra. Furgoneta de nueve plazas, cuerda en la mochila de un experto por si fuese necesaria, buen ánimo y a rogar que no tengamos las habituales tormentas de la segunda quincena de agosto.
Tras algunos reajustes, se confirma la presencia de Emi Tomás -aprovisionada con botellas de cava para celebrar su primera ascensión tresmilera - Maribel García, Juan Castedo, Pablo García, Pepe Pons, Julio López, Enrique Lapeña y Manolo Villanueva, vuestro humilde servidor. Y allá vamos...
Nuestro alojamiento será en una casa-chalet en Vilaller y las cenas en la Fonda Montaña, donde Laura sigue la tradición familiar de guisar requetebién y Pere y su señor padre mantienen el trato cordial al que nos tienen acostumbrados desde ocasiones anteriores.
El teléfono-despertador suena a las cinco y media de la mañana del sábado. Alguien reniega porque es de noche cerrada pero todos sabemos que hay que intentar hacer cima temprano para evitar posibles tormentas vespertinas. (En mis manos hay una previsión meteorológica sacada de Internet que habla de posibles nevadas por encima de 2.200 metros ¡En agosto! ¡Ja!)
Dejamos la furgoneta en el embalse de Llauset y, guiados por Pepe Pons, tomamos el GR-11 en dirección al collado de Vallibierna. Hace frío y tenemos que ponernos toda la ropa que llevamos. Al poco, empezamos a entrar en calor mientras las primeras luces del día nos permiten ver un cielo de color azul intenso y completamente despejado. Hemos previsto realizar la ascensión en tres horas y media o cuatro, pero no tenemos prisa porque es pronto y queremos disfrutar de la marcha. Además, Pablo ha decidido subir un melón cuatro kilos y medio para comérnoslo en la cima y tampoco es cuestión de agotarle.
Pasan los minutos y vemos cómo se forma una nubecilla que va creciendo rápidamente, cambiando su blanco níveo por un color oscuro que presagia tormenta. Una suave brisa aleja las nubes mientras subimos entre roquedos y pedreras junto a bellos ibones. Abandonamos
las marcas rojas y blancas y seguimos el trazado de hitos que nos lleva hacia el oeste. Ya podemos ver la línea de la cumbre. Otros montañeros se cruzan con nosotros o nos adelantan mientras la niebla, por momentos, cubre la cima ocultándola a nuestros ojos. La temperatura es muy agradable.
¡Ya llegamos! ... Pero, ¿esto qué es?... Copitos de nieve comienzan a caer... ¡¡20 de agosto!!.... El melón tendrá que esperar. Tampoco es conveniente cruzar el Paso del Caballo porque el destrepe de la Tuca de las Culebras puede resultar complicado en estas condiciones. Aun así, Julio quiere hacer el otro tresmil y yo le sigo. Entretanto, el resto de compañeros confirma la conveniencia de volver por donde hemos venido, mientras que, entre jirones de niebla, admiran un colosal paisaje: Aneto, Coronas, Rusell, Maladeta, Aragüelles... y hacia el este, los Besiberri.
Del dichoso Paso del Caballo sólo recuerdo la arista donde me agarro porque el abismo a un lado y otro puede hacer que te atragantes. Cruzamos, cumbre de la Tuca, foto de recuerdo y vuelta a cruzar para reunirnos con nuestros compañeros que ya inician el descenso.
Conforme bajamos, los copos se convierten en un ligero granizo. Paramos a tomar algo y, de paso, descargamos a Pablo de su jugosa carga. Llegamos a la furgoneta salpicados por una fina lluvia pero ya no importa porque hemos conseguido nuestro objetivo, hemos disfrutado con la compañía y el paisaje y estamos satisfechos.
Empezamos a pensar en el próximo “tresmil”
Manolo Villanueva
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